sábado, 9 de mayo de 2015

Sin medida


Todo era poco para ella.

No le bastaba bañarla en plata, que también quiso exprimir de la luna su misteriosa aura para cubrirla de la más exquisita capa.

No le bastaba regalarle oros, que hasta quiso hacer del sol la joya más brillante que colgase del pecho de su amante.

No le bastaba cubrirla de diamantes, que no dejó en el mar perla sin arrancar, ni tesoros por desenterrar.

No le bastaba con cortejarla, que creó una cohorte que no dejara de alabarla. La más bella la agasajaba, el más galán la adoraba.

No le bastaba con idolatarla, que de su boca hizo religión, de sus besos profetas, de sus ojos el libro sagrado y de su cuerpo iglesia.

No le bastaban las horas junto a ella, que convirtió los segundos en arena, y cada gránulo era una vida entera.

No le bastaba con saber que él era solo para capricho de ella, que convirtió un amor en un cuento de princesas.

No le bastaba con pasear agarrados junto al mar, que hizo de sus orillas alfombras bordadas con filigranas de sal.

No le bastaba con las manos en su cintura posar, que cinceló con sus caricias la escultura más bella que se pudiera imaginar.

No le bastaba con poderla amar, también en lo carnal, que en el pecho se grabó su imagen para no poderse nunca separar.

No le bastaba las mismas estrellas contemplar, que no hubiese una que no quisiera  alcanzar y hacerlas cuentas para un collar.

Todo era poco, y tan poco creía que todo era, que temía él también ser de escaso valor para ella.

No le bastaba ser su caballero, su amante, su joyero, su orfebre, su sastre, su pirata, que quiso ser todo para no ser su nada.


No hay comentarios:

Publicar un comentario